EL PINCHAZO ANUAL—MAS COSTUMBRE QUE CIENCIA

Por qué los gatos en EEUU no son vacunados cada año y por qué nuestros gatos tampoco tienen que ser vacunados anualmente.

por Monika Peichl



Desde hace décadas nos hacen creer a nosotros los dueños que los gatos tienen que ser vacunados anualmente. Sin embargo, no hay ninguna justificación científica. Veterinarios de EEUU conscientes de sus responsabilidades han criticado esta dudosa práctica de vacunación desde hace más de 10 años, en un muy divulgado manual para la práctica veterinaria (“Kirk’s Current Veterinary Therapy”). Pero aún así esto duró hasta finales de 1997, hasta que las asociaciones veterinarias competentes pusieron fin al disparate de las vacunaciones anuales e iniciaron una nueva pauta de vacunación.


Entretanto la mayoría de los veterinarios alemanes han oído sobre ello, pero muchos ignoran el bien fundamentado mensaje de los investigadores americanos. Los veterinarios que vacunan cada vez menos, representan una minoría en este país, son atacados por sus compañeros e incluso desacreditados en el colegio de veterinarios. Se teme perder ingresos: las vacunaciones representan entre el 20 y el 40% dl volumen de negocio de una clínica veterinaria.


Mientras que la mayoría de los veterinarios se oponen a los datos científicos, los dueños tenemos que ocuparnos de un plan de vacunación sensato para nuestros gatos. La regla debería decir lo mismo que para las vacunas humanas: Tantas como sean necesarias, tan pocas como sean posibles.


¿Contra qué se vacunan a los gatos?

Muchos gatos son vacunados anualmente contra Rinotraqueitis felina (Herpes y Calicivirus) y Panleucopenia felina (Parvovirus felino), los gatos que salen de casa también contra Leucemia (FeLV) y contra la rabia. Algunos dueños, sobre todo criadores, también vacunan contra Clamídeas (un germen que puede atacar a los ojos) y contra la Peritonitis Infecciosa Felina (PIF). Muchos gatos de casa son vacunados al menos 3 veces al año, los que salen a menudo 5 veces y los destinados a crianza entre 5 y 6 veces al año.

¿Por qué se vacunan en realidad?

Los planes de vacunación reinantes son el resultado tanto del negocio como de la ignorancia y el desinterés. Todo comenzó con la vacuna contra la rabia. Antes eran vacunados sobre todo perros con vacunas vivas contra la rabia, que se demostró demasiado peligrosa porque el virus puede llegar a ser activo de nuevo y provocar la enfermedad. Cuando se desarrollaron las primeras vacunas con virus inactivos o muertos, se declaró que también protegían durante varios años. Sin embargo, en la prescripción contra la rabia está escrito que perros y gatos en libertad en zonas amenazadas por la rabia deben recibir un refuerzo anual. El legislador trata, comprensiblemente, de proteger a la gente tan bien como sea posible frente a esta enfermedad. Por eso fue establecido un intervalo de vacunación muy corto (mayor para la rabia más adelante).

La vacuna de la rabia marcó el ritmo para el resto de las vacunas que con el tiempo fueron desarro- lladas y lanzadas al mercado. La primera vacuna especial para gatos fue contra Panleucopenia felina. Curiosamente en los años cincuenta se daba por supuesto que una única dosis de la entonces vacuna disponible protegía a los gatos para el resto de sus vidas. Esto se puede consultar en los viejos libros de texto. Desde entonces este conocimiento parece haberse perdido, ya que las siguientes vacunas desarrolladas se lanzaron al mercado con la prescripción del refuerzo anual.

¿Quién determina lo que aparece en la hoja de instrucciones?

En el “modo de empleo” de los prospectos de las vacunas aparece siempre: “se recomienda renovar anualmente las vacunas”. ¿Quién decide realmente lo que aparece en el prospecto sobre el intervalo de vacunación? Respuesta: el propio fabricante de la vacuna. El organismo que autoriza las vacunas animales, el Instituto Paul Ehrlich, no prescribe a los fabricantes nada en absoluto en relación a esto. Y los reglamentos de prueba y autorización de las distintas vacunas (las “Monografías” en “El Recetario Europeo”) no dan la más mínima regla para controlar la duración de la inmunidad. Solamente se exigieron análisis sobre la eficacia y las contraindicaciones de las vacunas, no sobre la duración de la protección.

Este vacío fue utilizado con gusto y empeño por la industria y muchos veterinarios no ponen objeciones pues las vacunas les garantizan la afluencia regular de pacientes. Hay en Alemania un par de productos para perros y gatos, para los que se recomienda reforzar cada 2 años. Pero también este intervalo está establecido arbitrariamente y no está justificado inmunológicamente.

¿Cómo es la vacunación para los humanos?

La duración de la inmunidad está muy probada en las vacunas humanas, a través de la medición en miles de vacunaciones de los anticuerpos. Pero los anticuerpos no lo son todo. En principio se parte de la base de que las vacunas contra virus y bacterias producen una continua memoria de inmuni-dad. No en todas las vacunas se mantienen los anticuerpos durante mucho tiempo, lo que no signifi- ca que desaparezca la protección. Además de la inmunidad humoral con los anticuerpos existe también la inmunidad celular. Las células de defensa que alguna vez tuvieron alguna relación con un germen patógeno o antígeno, permanecen muchos años o hasta de por vida en el cuerpo y se vuelven rápidamente activas si aparece el germen. Ponen a las otras células de defensa en acción, de manera que se desarrolla una gran cascada de reacciones inmunitarias.

Esto es igual para los pequeños mamíferos. Gatos, perro, etc. También disponen de inmunidad celular.

Los humanos somos vacunados de niños contra una serie de gérmenes patógenos infecciosos. Las vacunas se repiten mayoritariamente 1, 2 o 3 veces. Las vacunas muertas se deben dar 2 veces para obtener una completa reacción inmunológica. En las vacunas vivas no sería necesaria una repe- tición, pero se realiza, para atrapar al 2% d fracaso en la vacunación, es decir niños en los cuales la 1ª o 2ª vacunación no tuvieron efecto. Por ejemplo la vacuna sarampión, paperas, rubeola.

En la juventud se termina la vacunación. Los adultos sólo son vacunados si existe un riesgo especial de contagio (por ejemplo en viajes o en el trabajo: Hepatitis B, Polio) o si la vacuna no ofrece una protección de por vida (cada 10 años Tétanos y Difteria). Aquí se habla de “consejos de vacunaci- ón”. Se renovará sólo por necesidad y sólo en grandes intervalos y tampoco tan fácilmente, porque el médico otra vez lo que quiere es ganar.

Para nuestras mascotas esto es desgraciadamente de otra manera. Ellos son vacunados sin que exista una base médica.

¿Las repeticiones anuales no ofrecen una mayor protección?

No, no siempre es el caso. En estudios en perros se demostró que la renovación no aporta protec- ción adicional. Los anticuerpos aumentan muy poco cuando se revacuna –los anticuerpos existentes se lanzan sobre los antígenos de la vacuna y los hacen inocuos, apenas se fabrican nuevos anticuer- pos. Todo permanece prácticamente como antes.

¿Perjudican las vacunaciones anuales?

Ese es el punto crítico: las vacunaciones constantes no son sólo innecesarias médicamente, sino que pueden perjudicar. Muchos veterinarios lo niegan todavía.

Cáncer mortal al vacunar

Los gatos pueden enfermar de cáncer al vacunarlos, por ejemplo con un fibrosarcoma asociado a la vacunación. Esto es un tumor maligno que aparece un par de semanas o meses después de una vacuna en el lugar de la inyección –normalmente entre los omoplatos o en la pared pectoral- como un bulto (granuloma) bajo la piel y puede proliferar rápidamente. En la medicina veterinaria de EEUU ya no se duda de la grave relación entre la vacuna y el origen del sarcoma en gatos. En Alemania se inclinan por continuar con el tema. Sin embargo hace poco el oncólogo de pequeños

Animales Dr. Martin Kessler calculó en un congreso de mascotas en Berlín la frecuencia de 1 a 1.000. La mayoría de los gatos con sarcomas tienen en el momento de la enfermedad entre 6 y 11 años, han recibido por lo tanto muchos pinchazos. No obstante, también se encuentra en gatos más jóvenes. El sarcoma, por ahora, sólo se puede tratar a través de operaciones radicales introduciendo tejido sano. Después de la operación el tumor casi siempre se vuelve a desarrollar. El tumor condu- ce en la mayoría de los casos a la muerte.

¿Cómo se puede prevenir el sarcoma?

La mejor precaución es vacunar a los gatos sólo cuando sea necesario. Es importante vacunar a los gatitos ya que son los más susceptibles a las enfermedades infecciosas. Los animales adultos están menos amenazados por las infecciones de lo que se nos quiere hacer creer. Junto a la ampliación de los intervalos de vacunación, que se ha convertido en habitual en EEUU, se encuentran otras medidas de precaución. El grupo de trabajo del sarcoma felino asociado a la vacunación ha elaborado unas normas.

Se debe renunciar a vacunar repetidas veces con la misma inyección. Es decir, no se debe vacunar con la misma jeringuilla en un mismo sitio, aunque sea lo más cómodo y lo más rápido para el veterinario y el paciente. Cuantas más vacunas en un mismo sitio, mayor es el riesgo de sarcoma.

Las vacunas contra Panleucopenia y Rinotraqueitis deben ser administradas en la pared pectoral, la de la rabia en la pata trasera derecha y la vacuna contra la leucemia felina en la pata trasera izquierda. Una pata puede ser amputada para parar el desarrollo del tumor y el gato puede vivir sin problemas con tres patas. No se debe volver a vacunar entre los hombros, ya que es muy difícil operar ahí un tumor.

Aquí se vacuna mayoritariamente entre los hombros; golpee al veterinario en el brazo, si quiere colocar ahí la inyección.


¿Pueden los sarcomas tener otras causas?

No todos los sarcomas se originan a través de las vacunas, pero sí muchos. Algunos de estos tumores se forman en los lugares en los que se ha inyectado otra sustancia activa. Algunos especialistas americanos de enfermedades cancerígenas en pequeños animales no hablan de sarcoma por vacunación sino de sarcoma en el lugar de una inyección. En la literatura de investigación se describen sarcomas tras las inyección del antiparasitario “Lufenuron” y de antibióticos contra la gastritis. Aunque estos casos son raros, casi siempre se trata de inyecciones por vacunas.

Los gatos reaccionan más sensiblemente a las inyecciones que otros pequeños animales. Un gato que ha desarrollado alguna vez un bulto después de una vacuna u otro tipo de inyección, debería recibir sólo inyecciones que no se le hayan aplicado antes. No todos los gatos desarrollan granulo- mas tras una inyección, ni todos los bultos son sarcomas. Por eso no se debería enloquecer si un gato desarrolla un bulto. Pero no se debería esperar mucho y sacar a tiempo una muestra de tejido, (sobre todo si esta en un lugar de inyección) preferiblemente en una clínica veterinaria. Tres meses esperando puede resultar fatal, en EEUU se aconseja una biopsia cuanto antes.

¿Hay todavía más perjuicios?

En efecto. Especialmente grave es el shok anafiláctico inmediatamente después de la vacuna. Es mortal si el veterinario no lo trata enseguida. También se conocen graves reacciones alérgicas después de los refuerzos. Se manifiestan a través de diarreas y vómitos (sangrientos) y pueden costar igualmente la vida al animal. Alergias menos graves pero muy resistentes pueden desarrollar- se tras cualquier vacuna, porque intervienen el sistema inmunitario aún inmaduro de animales jóve- nes, alterando las defensas.

Las vacunas también pueden originar enfermedades autoinmunes, aunque en gatos está poco estu- diado. Un nuevo estudio en EEUU aporta fuertes indicios de que las vacunas pueden provocar insuficiencia renal crónica. Muchas vacunas fueron, dicho simplificado, fabricadas con células renales felinas. Al inyectar la vacuna, los anticuerpos forman contra las proteínas de estas células renales en la vacuna, pero no sólo contra las proteínas renales extranjeras, sino también contra los propios riñones, por lo que también se llaman autoanticuerpos, y esto puede conducir al avance y finalmente destrucción total de los riñones. Más estudios sobre esto están en marcha.

Que haya cada vez más gatos con epilepsia y diabetes, debería dar que pensar en una relación. En perros está comprobado que al menos el 50% d los casos mortales de anemia hemolítica autoinmune, un tipo de enfermedad de la sangre, pueden ser causados por vacunas.

¿Cómo se vacuna ahora en EEUU?

El nuevo esquema de vacunación de gatos de la asociación veterinaria de EEUU dice:

-Inmunización básica en cachorros (después de la octava semana dos vacunas cada 4 semanas),

-Un refuerzo al año

-Y a partir de ahí cada 3 años.

Se vacunarán contra cualquier germen patógeno, guiándose de la conducta (en casa o en libertad).

¿Cómo saben los veterinarios de EEUU que esto es suficiente?

Como ya se dijo anteriormente: El sistema inmunológico de los pequeños mamíferos es absolutamente igual al de los humanos. Si las vacunas humanas duran muchos años, es igual para gatos, perros y conejos.

Además científicos realizaron en los años 90 largos estudios en gatos con la vacuna triple contra Rinotraqueitis y Panleucopenia

Los animales reciben de cachorros con 8 y 12 semanas una inmunidad básica y no son vacunados más. Siete años y medio después todavía tienen una buena protección, si se contagian con gérmenes patógenos. La protección contra Panleucopenia es efectiva al 100%, a protección contra Herpes y Calicivirus se eleva al 52 y 63% rspectivamente. La vacuna contra Rinotraqueitis no evita totalmente la enfermedad. No evita a menudo el contagio, pero suaviza el desarrollo de la enfermedad. En los grupos de control de estos estudios algunos animales enfermaron gravemente.

Un nuevo estudio de enero de 2001 apoya estos resultados. Los científicos estudiaron gatos de un gran número de laboratorios y gatos de casa y llegaron a la siguiente conclusión: los animales están protegidos contra estas enfermedades cuando están vacunados –independientemente del tipo de vacuna y sobre todo independientemente de cuándo fueron vacunados.

¿Qué vacunas deben tener los gatos de casa?

Los gatos de casa tienen un riesgo mínimo de contraer enfermedades infecciosas. Es cierto que los humanos pueden transmitir Panleucopenia, porque el Parvovirus felino se mantiene mucho tiempo en los alrededores. Por lo que la vacuna contra Panleucopenia es la mejor, la más efectiva: un animal que fue inmunizado de cachorro, está protegido durante mucho tiempo, probablemente de por vida. Además: la mayoría de los gérmenes patógenos son peligrosos o incluso mortales para los jóvenes, pero los animales adultos con un buen estado general estarán mucho mejor preparados.

En cambio la vacuna contra Rinotraqueitis no es tan buena a la larga. Muchos animales vacunados son portadores del virus y también están infectados con Herpes, pero sobre todo con Calicivirus y eliminan el virus. Cuando se ve que un gran número de gatos vacunados se vuelven enfermos crónicos de Rinotraqueitis, se debería pensar sobre esta vacuna. El Calicivirus ha vuelto desde la introducción de la vacuna incluso más obvio que antes. Se sabe en ciencia desde hace tiempo, que la vacuna de Calicivirus existente cada vez funciona menos contra el virus. Por lo tanto el virus de la vacuna se puede volver virulento, es decir, peligroso, y ser transmitido de animal en animal y provocar epidemia en (a saber vacunados) crías o animales de casa.

Vacunar a los cachorros no hace daño en general, pero se debería reflexionar si se deja vacunar a animales adultos. Es importante mantener tan lejos como sea posible a los gatos jóvenes de contagio para eliminar el virus del Rinotraqueitis.

En algunas vacunas contra Rinotraqueitis se incluye una vacuna contra Clamídeas, un germen bacteriano. En gatos de casa y crías las clamideas pueden resultar resistentes. La vacuna no es sin embargo el camino ideal para deshacerse del germen, como se dice siempre. Las existencias traen un éxito duradero: además esta vacuna es conocida por sus efectos secundarios. La asociación veterinaria de EEUU recomienda para los gatos de casa: Inmunidad básica contra Panleucopenia y Rinotraqueitis de cachorros (sin clamidea), al año el refuerzo, y después cada 3 años. Pero este intervalo de tres años está basado más en intereses económicos del veterinario que en necesidades médicas. Pues estas vacunas duran, como ya se sabe, más de tres años.

¿Qué vacunas deberían tener los gatos que salen?

Los gatos en libertad deberían estar protegidos además de contra Panleucopenia y Rinotraqueitis, contra FeLV: inmunidad básica y refuerzo al año. La vacuna debe ser probada primero, sólo puede ser vacunado si es FeLV negativo. Si se debe renovar la protección, está siendo discutido por los veterinarios de EEUU. Se habla mucho sobre que se debe omitir la vacuna en gatos adultos: primero, porque la protección dura mucho más de un año, segundo, porque los gatos adultos tienen unas buenas defensas propias contra el germen. La vacuna FeLV contribuye a menudo por encima de la media a la formación de sarcomas, por lo tanto se aconseja prudencia con esta vacuna. En zonas donde no hay gatos vagabundos sin vacunar o sin castrar el riesgo de contagio es mínimo, ya que estos son los principales transmisores. Las nuevas adquisiciones de salud y vacunas poco claras deberían pasar primero una cuarentena y ser probados tanto en FeLV como en “SIDA felino”, contra lo que en Europa no hay vacuna. (En EEUU la primera fue lanzada en la primavera de 2002).

¿Qué pasa con la vacuna de la PIF?

La vacuna contra la Peritonitis Infecciosa Felina está también en discusión en Alemania entre los veterinarios a causa de su insuficiente eficacia. Sobre todo los criadores recurren a ella. Es útil sólo si los gatos no están infectados con el Coronavirus felino, el cual puede mutar en un animal al germen PIF. La mayoría de los gatos ya están infectados con Corona –sin estar enfermos por ello- por lo que la vacuna no tendría sentido en ellos. La infección Corona no significa en absoluto que un gato deba tener PIF, eso pasa por suerte pocas veces y sucede mayoritariamente en animales jóvenes en situaciones de estrés. La PIF no se contagia de gato a gato.

¿Qué pasa con la vacuna de la rabia?

La vacuna de la rabia para mascotas sigue en primera línea para proteger a los humanos de esta enfermedad mortal. Los humanos están sobre todo amenazados por la rabia urbana, es decir la rabia de los perros, la cual fue erradicada hace décadas. Sólo queda la rabia silvestre: la rabia de los zorros y casos raros de murciélagos. En zonas libres de rabia se puede renunciar a la vacuna para los gatos que salen de casa, la cual contiene un alto riesgo de sarcoma. En zonas amenazadas por la rabia se debe reflexionar si el gato puede encontrarse con un zorro infectado. Desgraciadamente aquí no hay como en EEUU una vacuna contra la rabia identificada oficialmente por tres años. Aunque los productos en venta ofrecen igualmente una protección superior al año. Estudios en animales vacunados lo demuestran (y los datos del fabricante, como por ejemplo con la vacuna contra la rabia Rabdomun (es el nombre de la vacuna de ese fabricante) –con la que los gatos vacunados están protegidos al 100% 4 meses después, confirmado por los tests de infección). En viajes al extranjero con el gato se exige un certificado de vacunación. Parece absurdo que los animales de exposición deban ser vacunados anualmente según decreto. Las crías viven en casa, como mucho en el jardín y tienen por lo tanto un riesgo de contagio mínimo. Es para pensar, si se debería comprobar la protección en vez de a través de la revacunación anual, a través de un análisis de sangre. Los anticuerpos dan una información segura de la vacuna de la rabia, si existe inmunidad o no.

¿No hace falta volver anualmente al veterinario?

El renunciar a las vacunas anuales no significa que el gato no vuelva al veterinario. Sobre todo los gatos mayores deben ser analizados cuidadosamente por lo menos una vez al año. Esto no se trata de ahorro, sino de precauciones para la salud.

Para terminar dos citas del profesor Ronald D. Schultz, veterinario inmunológico de la Universidad de Wisconsin en Madison:

“La recomendación de vacunar a las mascotas anualmente, es cada vez menos aceptable en vista del creciente número de efectos secundarios, tales como la aparición de graves enfermedades o incluso la muerte, y en vista del creciente número de vacunas disponibles”
.

Dra. Ana María Aboglio.
Artículo extraído de un trabajo de investigación médico-legal realizado en conjunto con el veterinario homeópata Juan Agustín Gómez.
Innecesaria parece una meditación sobre el pinchazo cuando a la hora de vacunar, el platillo, pongamos, derecho de la balanza, desciende bajo el peso de los conocidos beneficios y el izquierdo salta, baldío, hacia la nada. Niños y animales reciben con prontitud gran cantidad de dosis. La carga incuestionable se nutre de afirmaciones concatenadas: Las enfermedades infecciosas son peligrosísimas + Las vacunas son el único medio de prevenirlas + Las vacunas son completamente seguras + Las vacunas son absolutamente infalibles. Junto a la convencional tonada repetitiva se instaura el programa de vacunación obligatoria.

Pero dado que la realidad señala que no todas las enfermedades infecciosas son riesgosas ; dado que algunos se avienen a prevenirlas por otros medios ; que más allá de la reticencia a reportar efectos adversos o muertes post-vacunación, las denuncias corren a lo largo y ancho del mundo, y que no sólo no son absolutamente efectivas sino que algunas son consideradas como causantes de la propia enfermedad que intentan prevenir, sucede que cada vez más personas reclaman la libertad de elegir si vacunar o no a quienes de ellos dependen. Desde ahora algunas dosis para reflexionar sobre la vacunación del animal de compañía.

Preparación : La teoría del germen
El 23 de agosto de 1999 Marshall Plit, investigador de la New South Wales University de Sidney, presentó en Buenos Aires una nueva teoría -en la misma línea que años atrás hiciera el profesor rosarino Meny Bergel-, que haría naufragar los postulados de Pasteur y Koch. Plit sostiene que el germen desencadena la enfermedad sólo en terrenos ya enfermos. El germen no sería causa sino condición. La predisposición del organismo -que este médico basa en el stress oxidativo a partir de sus estudios sobre la tuberculosis-, muy conocida como 'defensas bajas', convoca a los gérmenes : no importa si éste, aquél o el de más allá. En 1828 Christian Friedrich S. Hahnemann construyó el edificio de la homeopatía sobre estos cimientos. Y Carl Gustav Jung fue ferozmente atacado cuando propuso que una alta proporción de tuberculosos eran enfermos psicosomáticos, cuyo sentimiento predominante era el terror. La tuberculosis -una bacteria que reside en el ganado bovino-, después de casi haberse retirado ANTES de la aparición de los primeros antibióticos, cunde hoy en su remodelaje ultraresistente a lo largo de los países empobrecidos. A los laboratorios no les interesa invertir en investigación, no porque se sientan abatidos ante la ineficacia de los antibióticos usuales, sino porque los bolsillos de los afectados están demasiado vacíos como para adquirir la medicación.

Sería injusto acusar a Louis Pasteur de grave equivocación. Su delito fue -según lo expone y documenta Ethel Douglas Hume en Pasteur Exposed : The False Foundation of Modern Medicine-, de plagio más distorsión del trabajo de su contemporáneo Antoine Bechamp. Distorsión que en parte corrigió en sus póstumos años con aquella muy citada pero no tomada en cuenta frase correctiva : "el germen no es nada, el terreno es todo."

Un poco de fisiología. El sistema inmunitario tiene 2 grandes ramas :

1) HUMORAL, también llamada específica o secundaria. Provee ANTICUERPOS para reconocer y luchar contra los ANTÍGENOS, por ejemplo bacterias y virus. Depende sobre todo de las células B, originadas en la médula espinal.

2) DE CÉLULAS MEDIATAS, no-específica o primaria. Comprende las llamadas células T (timo-dependientes) y otras células especializadas que, secretadas por el hígado y el bazo, apoyan y complementan la acción de los anticuerpos. Provee inmunidad más profunda y es fundamental en la protección contra las alergias y el desarrollo del cáncer.

Las vacunas estimulan las células B, dirigidas a un antígeno específico -por ejemplo un determinado virus-, sin influir en la rama primaria : el 90% restante del sistema inmunitario. Pero los virus, atenuados en su virulencia o muertos, entran a través de la inoculación DIRECTAMENTE en el torrente sanguíneo. Esto no sucede en los modos naturales de transmisión de la enfermedad porque los virus deben franquear la barrera defensora del tejido epitelial, fundamentalmente el que recubre el tracto intestinal, ventanas de la nariz, senos nasales, tracto respiratorio, bronquios, pulmones, aparato genitourinario y conjuntiva de los ojos.

La teoría del germen falla al suponer que los microrganismos son los principales responsables de la enfermedad y no la salud del huésped. Ignora también los muchos casos en que individuos vacunados contrajeron la enfermedad, y aquellos en que gran cantidad de personas tuvieron la enfermedad sin producir anticuerpos. Tampoco se pregunta qué sucede a los virus inoculados con el transcurso del tiempo.

Primera dosis : Vacunar, revacunar y revacunar
Más allá de la niñez y salvo situaciones especiales, el humano no recibe refuerzos de las vacunas recibidas en la niñez. Aquellas dosis permiten, al parecer, mantener la inmunidad por el resto de su vida. Si el desarrollo tecno-científico de las vacunas en veterinaria es el mismo que el utilizado para las vacunas humanas, y el sistema inmunitario del animal de compañía no es menos eficiente que el de los humanos, ¿porqué entonces la insistencia en la revacunación anual ?

En el Canine Health Newsletter de septiembre de 1996, Sandra Hickman cita un interesante estudio sueco. Según éste, los niveles de anticuerpos protectores en perros vacunados contra moquillo, parvo y adenovirus, no descendían aún después del tercer año. Algo más notable aún : Los niveles en los cachorros no aumentaban con la repetición de la vacuna hasta no agotarse los anticuerpos provenientes de la madre, alrededor del 5ºmes.

Tom R. Phillips y Ronald D. Schultz, concluyen en Canine and Feline Vaccines, 1992 (Current Veterinary Therapy XI, W.B.Saunders, Philadelphia,P.A.) que la extendida costumbre de la revacunación anual no tiene bases científicas dado que la duración de la respuesta inmunitaria dura años, o toda la vida, especialmente con las vacunas a virus vivos.

El diario de la American Veterinary Medicine Association (JAVMA), publicó en enero de 1998 una nueva guía de vacunación para gatos de la American Association of Feline Practitioners (AAFP) y la Academy of Feline Medicine (AFM). El antecedente fue un comentario que JAVMA publicó en 1995 en "Current Concepts", titulado : "¿Estamos vacunando demasiado ?". Allí, el presidente del Cornell Feline Health Center y profesor de virología Fred W. Scott, estableció que 3 a 4 años después de la vacunación se encontraron buenos niveles de anticuerpos contra 2 de los 3 virus más comunes de las vías respiratorias superiores. El Dr. Ronald Schultz, profesor y presidente del departamento de Ciencia Patobiológica de la Universidad de Wisconsin, dijo que no era en absoluto necesario revacunar a los perros adultos contra el parvovirus. Las vacunas podrían fallar, advierte también el artículo, por el uso de componentes múltiples en una sola dosis.

Segunda dosis : Indicaciones y advertencias
Intervet llegó a la Argentina con una batería de vacunas y el respaldo y distribución de Bayer. La atractiva folletería de propaganda repite similares instrucciones de uso, precauciones y advertencias por las que algo queda claro : las vacunas deben administrarse en animales sanos. Algunas, como la de leptospirosis canina o la triple felina requieren un previo examen clínico completo. Pero, ¿cuál es el estado de salud suficiente para recibir una vacuna ? El animal podría parecer sano y no sentirse bien o tener un problema no revelado por el análisis clínico. Podría tener una enfermedad en período de incubación. ¿Cómo medir el estado del sistema inmunitario, el verdadero receptor de la vacuna ? Estado cuyo buen funcionamiento depende de una alimentación fresca y natural -con suficiente aportes de vitaminas y minerales, sin conservantes, aditivos ni colorantes-, agua sin cloro ni metales pesados, ausencia de tóxicos -los pulguicidas suelen aportar grandes dosis-, no ingestión de antibióticos o cortisona, factores genéticos -generales o específicos como los propios de muchas razas-, ausencia de contaminación ambiental y por supuesto, ausencia de stress. Las emociones ejercen una influencia fundamental, dado que no podrían sostenerse sin el correlato químico-eléctrico correspondiente. El sistema nervioso central está conectado con el sistema inmunitario y lo afecta a través de la secreción de neuropéptidos que modifican el funcionamiento del timo, la cantidad y eficacia de los glóbulos blancos y la secreción de anticuerpos. Separar al cachorro muy pronto del lado de la madre es fuente habitual de angustia pocas veces tenida en cuenta.

Aunque muchos prospectos se anuncian como aptos para hembras gestantes, los veterinarios holísticos desaconsejan vacunar durante el embarazo, de igual manera que cuando el animal va a ser esterilizado o sometido a cualquier intervención quirúrgica que demande anestesia.

Vacunas como la del moquillo, rabia, parvovirus y coronavirus, pueden originar, continúan las advertencias, una reacción de hipersensibilidad que requiere administrar adrenalina o epinefrina. Esto es, hormonas utilizadas para casos de extrema urgencia. El alcance de las reacciones de hipersensibilidad no se especifica. Las precauciones para la vacuna triple de panleucopenia, rinotraqueítis y calcivirosis felina prescriben evitar el contacto con fuentes potenciales de infección respiratoria hasta 7 días después de la vacunación. ¿Cómo se consigue ésto ?

Un sistema de bonificaciones -3 gratis por cada 10, por ejemplo-, disminuye el costo para el veterinario. Considerando la diversidad de productos, el intensivo programa de vacunación aconsejado y el precio final de aplicación, es de suponer que se trata de una suculenta fuente de ingresos médicos.

Tercera dosis : Margen de seguridad
Los efectos se relacionan no sólo con los virus que componen las vacunas sino también con las sustancias que integran la solución base : estabilizadores, conservantes, antibióticos, tóxicos y carcinógenos tales como aluminio, mercurio y formaldehído.

Pueden dividirse en 2 grandes grupos : 1) Reacciones inmediatas. 2) Reacciones a largo plazo, más insidiosas y menos obvias.

1) Oficialmente reconocidos, los efectos inmediatos van, desde síntomas de letargo, fiebre ligera, pérdida de apetito, cuello dolorido, vómitos, diarrea y muchas horas seguidas de sueño, hasta colapso total y shock. Son casi siempre subestimados por los guardianes, desconocedores tal vez de la agresión que está sufriendo el organismo de su animal de compañía. Ronald D. Schultz, quien ha estudiado las vacunas por más de 30 años, dice que los perros de raza tienen mayor riesgo de una reacción aguda. En un artículo publicado en el Suplemento Técnico nº 14 del Boletín del Colegio de Veterinarios de la Provincia de Buenos Aires (Año 4- Noviembre,1999) veterinarios del Hospital Centro Policlínico Veterinario, Málaga, refiriéndose a tres casos de reacción anafiláctica post-vacunación -uno de ellos seguido de muerte- dicen que el hecho de que esos casos hayan ocurrido recientemente en poco más de un año, o es casualidad o significaría una mayor predisposición a estas reacciones. Afirman también que : "Supone una gran dificultad para nosotros como veterinarios hacer entender al cliente que su perro o gato, cuyo estado era bueno al entrar en la clínica puede fallecer tras la aplicación de una vacuna que lo que pretende es protegerlo de una serie de enfermedades y que, por el contrario, le ha provocado un susto de muerte o incluso la muerte misma de su querida mascota"...

2) Los efectos a largo plazo corren principalmente a cargo de veterinarios naturópatas holísticos y homeópatas. "Vaccinosis" es el término reservado para estas consecuencias crónicas de las repetidas vacunaciones, cuya traducción podría intentarse con el neologismo "vacunosis". A partir de una carta enviada por la dra. M. J. Hendrick al editor de JAVMA, comenzaron a realizarse investigaciones sobre la relación entre ciertas vacunas y una especial forma de cáncer, el sarcoma felino. En las biopsias realizadas entre 1987 y 1991 -lapso con significativos cambios en las políticas de vacunación-, esta patóloga observó un aumento en la reacción inflamatoria y fibrosarcomas en el sitio donde se hacían las inoculaciones. En la Conferencia Veterinaria de los Estados occidentales de Norteamérica,1996, el Dr.Greg Ogilvie, Universidad de Colorado, estableció que la vacuna para la leucemia felina y la antirábica subcutánea -mucho más fuerte que la intramuscular-, ambas disponibles desde 1984, eran las 2 vacunas con más frecuencia relacionadas con estos tumores.

Otros veterinarios, especialistas en comportamiento animal, relacionan la vacuna antirrábica con el inquietante aumento de animales agresivos, temerosos y aprensivos producido en las últimas tres décadas concomitantemente con la práctica de la revacunación en adultos. Ataques epilépticos son frecuentes después de esta vacuna, según Dee Blanco, veterinario de Nueva México. Blanco remarca cómo después de vacunar animales sanos, aparecen con gran frecuencia problemas en piel : picazones, irritación, caída del pelo, erupciones. Enfatiza también que las vacunas exacerban las tendencias mórbidas, haciendo que se desarrollen las enfermedades a que tiene tendencia un animal determinado, las que podrían de otro modo permanecer en latencia. Jean W. Dodds, veterinaria de referencia práctica en hematología e inmunología de Santa Mónica, dice que cada vez hay más problemas inmunológicos en general. En More Bumps on the Vaccine Road, Dodds establece vínculos con la hepatitis crónica, asma, epilepsia, desórdenes tiroideos, falla renal, cistitis, anemia hemolítica autoimune, transtornos neurológicos varios, encefalitis. Catherine O'Driscoll agrega diabetes, leucemia, enfermedad de Addison y cáncer. El director de la Asociación Americana de Medicina Veterinaria Holística de Maryland, Carvel Tiekert, considera que la vacunación puede incluso contribuir a la muerte prematura de animales cuyo sistema inmunitario estuviera ya comprometido.

Las vacunas humanas ofrecen casos puntuales además de mayores estudios sobre sus efectos. En EE.UU. se acaba de suspender la vacuna Sabin oral. Los únicos casos de Polio se producían en vacunados que desarrollaban el VAPP, siglas en inglés de la Parálisis de Polio Asociada a la Vacuna, que dió lugar a una organización de Padres Informados contra el VAPP, cuyo fin último era el reconocimiento de la necesidad de reemplazar la vacuna oral, a virus vivos, por la vacuna a virus muertos. Otros casos, también en EE.UU. : el levantamiento de la obligatoriedad de la vacuna contra la hepatitis B -ya suspendida en octubre de 1998 en Francia- y contra el antrax en el ejército.

Cuarta dosis : La efectividad
En "Lo que los veterinarios no le dicen acerca de las vacunas", la fundadora de Canine Health Concern concluye que las vacunas, como mucho, brindan un 50% de efectividad. Además, en su libro de investigación "Lo que los veterinarios no le cuentan sobre las vacunas" un estudio de la Escuela Veterinaria de la Universidad de Wisconsin-Madison que evaluó 6 marcas diferentes de vacunas contra el parvovirus, para encontrar que 3 fallaban totalmente en aumentar la tasa de anticuerpos, 2 producían un aumento parcial y sólo una generaba una tasa elevada.

En "A New Look at the Vaccine Questions", el conocido veterinario homeópata Richard Pitcairn sugiere que las vacunas no protegen de la enfermedad aguda sino que la transforman en una enfermedad crónica. La panleukopenia llevaría por ejemplo a la llamada enfermedad intestinal crónica y al descenso del número de glóbulos blancos que ocasionaría inmunodeficiencia. (Proceedings of the American Holistic Veerinary Medical Association,1995). En el mismo sentido, Don Hamilton, veterinario holístico de Oncate, Nueva Méjico, considera que el parvo resultó de una transformación del virus introducido por la vacuna contra el moquillo.

En su libro Impfen-Das Geschaft mit Angst (Vacunación- Un negocio basado en el miedo), el doctor Gerhard Buchwald reporta que hubo muchos más casos de fiebre aftosa en los países europeos donde el ganado había sido vacunado contra esta enfermedad que en aquellos en que no lo habían sido.

Quinta dosis :
¿Inmunización o agresión ?
En materia de vacunación humana, tanto en EE.UU. como en Inglaterra, hay posibilidad de obtener resarcimiento por los daños ocasionados por las vacunas. En Francia, y en consonancia con entidades similares de muchos otros países, la Liga Nacional por la Libertad de Vacunación, aúna un grupo de personas que creen que la vacunación no es la única ruta para la prevención de la enfermedad. Muchos guardianes y veterinarios reclaman el mismo derecho para proteger al animal de compañía.

Para la única vacuna obligatoria, la antirrábica, cabe también otra obligatoriedad : estudiar el tema por parte de las autoridades sanitarias, quienes deberían asesorarse no sólo con representantes de los círculos oficiales sino también con los de las asociaciones animalistas que acrediten una comprobada actuación a favor de los intereses de los animales. Para las demás vacunas, en caso de que se decida la vacunación, habrá que extremar las precauciones.

La salud psico-fisico del animal en armonía con el medio ambiente en que se encuentre será siempre la prevención fundamental para cualquier tipo de enfermedad. Evidentemente, la inducción artificial de la enfermedad que impone la vacuna, no reproduce el proceso natural de la misma. Dicho de otra manera : La víbora venenosa muere si se le inyecta el mismo veneno con el que convive sin problemas a diario. Por nuestros animales y por nosotros, vale la pena informarse y evitar riesgos innecesarios. Porque, en el decir de Helen Mc Kinnon : "your dog is counting on you". La traducción permite: Su perro -vale igualmente para cualquier animal de compañía- cuenta con, confía en, depende de usted. No es necesario optar, las tres posibilidades son válidas. Cuentan con, confían en, dependen de, nosotros.



Reacciones adversas a la vacunación

Última actualización 14/08/2009@13:47:23 GMT+1
Los beneficios de la vacunación están bien documentados, pero en ocasiones pueden aparecer efectos dañinos en algunos individuos. El siguiente artículo recoge las conclusiones de diversos estudios centrados en las reacciones adversas provocadas por la vacunación en perros y gatos.
Alfredo Pérez Rivero
Clínica Veterinaria Taco, Santa Cruz de Tenerife
Imágenes archivo


Las variables de la vacuna incluyen la proporción de individuos vacunados que se benefician de la vacunación, la respuesta inmunitaria (si es suficiente para prevenir la infección o reducir la gravedad si se produce) y la probabilidad y gravedad de las reacciones adversas asociadas a la vacunación [1].
Los efectos adversos son definidos como cualquier efecto secundario o consecuencia involuntaria (incluyendo falta de protección) asociado a la administración de la vacuna. Esto incluye cualquier daño, toxicidad o reacción de hipersensibilidad asociada con la misma [2].
Los beneficios de la vacunación deben superar los riesgos y los individuos deben ser evaluados en función del riesgo de exposición y la respuesta esperada (probabilidad de infección si se expone y de la gravedad si se infecta).

Efectos adversos en perros
En un estudio [3] realizado durante los 3 días después de la vacunación en 1.226.159 perros vacunados en 360 hospitales para determinar la incidencia de efectos adversos asociados a la vacunación (VAAEs), en los años 2002 y 2003, se comprobó que el porcentaje de VAAEs disminuyó significativamente con un mayor peso corporal (tabla 1).

Tabla 1. Incidencia de efectos adversos en perros en los tres días posteriores a la vacunación.
Factor Efectos adversos totales
>Peso Disminuye
Castración Aumenta (27-38% vs. intactos)
1-3 años Aumenta (35-54% vs. 2-9 meses)
Vacuna adicional Aumenta (27% perros <10 kg, 12% perros >10 kg)
Información extraída de ref. bibliográfica nº 3.

El riesgo fue un 27-38% mayor para animales castrados vs. intactos, y un 35-64% mayor para perros de 1 a 3 años, vs. 2-9 meses de edad. El riesgo incrementó con el número de dosis de vacunas administradas por visita y cada vacuna adicional aumentó el riesgo de efectos adversos en un 27% en perros <10 kg y un 12% en los de >10 kg. El mayor riesgo de VAAEs dentro de los 3 días después de la vacunación lo tuvieron los adultos jóvenes, de razas pequeñas, castrados, que recibieron múltiples vacunas por visita. Estos factores deberían ser considerados de riesgo y, por tanto, se debería comunicar a los clientes.
La relación entre el número de vacunas administradas de forma simultánea y los VAAEs sugiere que puede haber otras causas que no sean el antígeno primario y que puedan contribuir a los efectos adversos.
En un estudio [4] en el que 8 perros desarrollaron reacciones alérgicas de tipo inmunomediado y tenían alta concentración de suero específico IgE contra las vacunas, 7 tenían IgE específico contra el suero de ternero fetal. En un estudio posterior [5] se demostró que había una variedad de componentes, incluyendo albúmina, que podían funcionar como alergenos en perros y que podían desarrollar reacciones después de la vacunación.

Efectos adversos en gatos
En un estudio [6] en el que se administraron 1.258.712 vacunas a 496.189 gatos, se vieron un total de 2.560 VAAEs (51,6 VAAEs/10.000 gatos vacunados) en un periodo de 30 días después de la vacunación. El riesgo se vio significativamente mayor en relación con el número de vacunas administradas por visita, gatos mayores de 1 año de edad y gatos castrados (tabla 2).
Tabla 2. Incidencia de efectos adversos en gatos en 30 días posteriores a la vacunación.
Factor Efectos adversos
>Nº de vacunas administradas por visita Aumenta
Mayores de 1 año de edad Aumenta
Castrados Aumenta
Información extraída de ref. bibliográfica nº 6.

La letargia (tabla 3), con o sin fiebre, fue el efecto adverso más común (54,2%), seguido de reacciones en el sitio de la vacuna (25,2%), vómitos (10,3%), edema periorbitario o facial (5,7%) o prurito generalizado (1,9%). Cuatro gatos murieron antes de 48 horas después de la vacunación, y los signos clínicos manifestados fueron anafilaxis inmediatamente después de la vacunación [2], sin signos (se diagnosticó shock) y otro también sin signos cuyo veterinario diagnosticó reacción vacunal.

Tabla 3. Efectos adversos más comunes en gatos.
Efecto gatos (%)
Letargia 54,2%
Reacciones en el sitio de la vacuna 25,2%
Vómitos 10,3%
Edema periorbitario o facial 5,7%
Prurito generalizado 1,9%
2 gatos murieron con signos de anafilaxis
2 gatos murieron sin signos
Información extraída de ref. bibliográfica nº 6.

No se observaron reacciones localizadas que después fueran diagnosticadas de neoplasia en un periodo de 1-2 años. La mayoría de las reacciones se vieron entre los días 0-3 después de la vacunación (92%), comparadas con 4 a 15 días (4,6%) o 16-30 días (3,4%) después de la vacunación (tabla 4).
El porcentaje de VAAE asociado con la administración de una vacuna simple varió significativamente siendo el más bajo para la vacuna de giardias, seguido de PIF y rabia.
Los porcentajes más altos fueron para la vacuna de enfermedades respiratorias y FeLV. Comparando el riesgo de la aplicación de una vacuna simple y una polivalente se vio doble riesgo cuando se trataba de una triple y se triplicó el riesgo cuando se trataba de 5 vacunas administradas simultáneamente.
El riesgo fue mayor para gatos castrados comparado con intactos y fue mayor para hembras intactas que para machos intactos. El riesgo fue de 50% más en gatos mayores de 1 año comparado con los menores de 9 meses.

Tabla 4. Fecha de aparición de efectos adversos en gatos.
Plazo gatos (%)
A los 0-3 días 92%
A los 4-15 días 4,6%
A los 16-30 días 3,4%
Información extraída de ref. bibliográfica nº6.

El riesgo asociado a vacunas adicionales (27,5%) en gatos fue equivalente al de los perros con un peso inferior a 10 kilos, lo cual indica una relación dosis-respuesta antigénica.
Un estudio realizado sobre la seguridad de las vacunas en el periodo neonatal en gatitos [17] confirmó que vacunas sin adyuvantes inducían una menor reacción inflamatoria local que aquéllas en las que existía adyuvante.
El riesgo se podía reducir, por tanto, usando vacunas sin adyuvante con reducida proteína extraña.

Efectos de la vacuna de la rabia
En un estudio retrospectivo de reacciones adversas a las vacunas [7] en el que se examinaron 311 casos informados al Ministerio de Agricultura, en Japón, durante un periodo de 6 años (desde abril de 1994 a 2000) y se clasificaron según los síntomas, 27 casos fueron a la vacuna de rabia.
Los síntomas más frecuentes fueron los gastrointestinales (26%), seguidos por respiratorios y cardiovasculares (22%) y dermatológicos (11%). Había 284 casos de reacciones adversas a vacunas monovalentes que no eran de rabia, y mixtas. Los síntomas más frecuentes en estos casos fueron dermatológicos (53%), gastrointestinales (16%) y respiratorios y cardiovasculares (14%). Un 3,5% murieron por reacciones adversas a vacunas.
En otro estudio [8] realizado en Estados Unidos, en el que el Centro de Productos Biológicos (CVB) recibió 246 reacciones adversas en perros en los que se identificó la vacuna de rabia como uno de los productos administrados, durante un periodo de 3 años, 217 fueron considerados como posiblemente relacionados con la vacuna, 7 no parecían estar relacionadas y 22 se dieron por causa desconocida.
El 21,4% de los perros era menor de 6 meses, el 33,5% era mayor de 6 meses pero menor de 2 años y el 45,1% era mayor de 2 años. Un 54% de los perros eran hembras. Los efectos adversos posiblemente relacionados con la vacuna incluyeron hipersensibilidad a la vacuna (59%), reacción local (27%), reacciones sistémicas referidas a corto tiempo de letargia, fiebre, dolor general, anorexia, cambios de conducta, con o sin trastornos gastrointestinales que comenzaron en 3 días después de la vacunación (9%), trastornos autoinmunes (3%) y otros (2%).
Un 72% aproximado de los perros informados recibieron otros productos médicos además de la vacuna. La vacuna de rabia es la que se pudo relacionar más con efectos adversos recibidos por el CVB. Los hallazgos de este estudio no sugieren una alta frecuencia de efectos adversos asociados a la vacuna de rabia si tenemos en cuenta que se pusieron 120 millones de dosis de vacunas de rabia en ese periodo de 3 años.
Hay que añadir que en dos perros se confirmó rabia y habían sido previamente vacunados.
Otras enfermedades han sido asociadas a la vacunación como meningitis inducida por la vacuna de rabia, sarcoma posvacunal en gatos, anemia hemolítica inmunomediada, trombocitopenia inmunomediada, poliartritis inmunomediada tipo I y vasculitis cutánea.
Ya en 1978, Pedersen NC, Emmons RW, Selder R, et al. publicaron infección de virus de la vacuna de rabia en tres perros, con aparición de síntomas a los 4-21 días después de la vacunación [9]. En 1982 se publicaron también 4 casos de rabia inducida por la vacuna en cuatro gatos [10]. En este caso los signos neurológicos se desarrollaron 13-17 días después de la vacunación IM con virus vivo modificado.
En 1984 se publicó el uso de anticuerpos monoclonales para confirmar rabia inducida por vacuna en 10 perros, 2 gatos y un zorro [11].
Los signos clínicos desarrollados en el caso de los perros [9] fueron de parálisis flácida ascendente similar a la que se produce en una poliradiculoneuritis.
También se vio que se podían dar déficit de nervios craneales y que algunos sobrevivieron y se recuperaron con cuidados de soporte. En necropsia los hallazgos fueron de meningoencefalitis no supurativa. En el caso de los gatos, desarrollaron parálisis de un miembro posterior, rigidez y después parálisis del otro miembro posterior.

Anemia hemolítica inmunomediada
Se ha señalado una asociación temporal entre la vacunación y la aparición de una anemia hemolítica inmunomediada (AHIM). Un estudio retrospectivo limitado demostró que una cuarta parte de los perros con una AHIM de causa desconocida habían sido vacunados en el mes previo a la aparición de los signos clínicos.
Como esta correlación se observó en vacunas vivas modificadas y muertas frente a enfermedades infecciosas frecuentes y de distintos fabricantes, parece probable que las vacunas puedan poner de manifiesto o reforzar un proceso immunitario silente, más que ser la causa real. Sin embargo, en una encuesta restrospectiva a gran escala sobre los registros de salud animal en Gran Bretaña no se ha encontrado una asociación.
Aunque en 1996 Duval y Giger asociaron la vacunación a un incremento del riesgo de AHIM en perros [15], en un estudio posterior, realizado por Carr y col. en 2002, no se encontró asociación [16].
La asociación de la AHIM con otros trastornos immunitarios, incluido el hipotiroidismo y la trombocitopenia inmunomediada, apoya la teoría de un trastorno general de tipo inmunitario [12].
En un estudio donde se aplicaron diferentes vacunas para ver si existía un incremento de la presencia de anticuerpos antitiroglobulina canina se vio que podían verse incrementados, y éstos tienen un efecto perjudicial en la función tiroides, de origen desconocido [13]. En un estudio posterior en el que se intentó ver si había relación entre repetidas vacunaciones y tiroiditis se comprobó que no la había [14].
Kohn B., Garner M. y col. (2003) publicaron un estudio en 4 perros en los que se desarrolló una poliartritis (18) después de la vacunación, quedando, por tanto, bajo sospecha la relación. En un estudio posterior (19) realizado por Dyland N. Clements, Robyn N. A. Gear y col. (2004) mencionan la posibilidad una poliartritis tipo 1 pero no queda claro, al tratarse de un número reducido de casos.
En un estudio sobre el desarrollo de casos de una enfermedad semejante a la parvovirosis después de la vacunación, se relacionó con una parvovirosis tipo 2 (CPV2) más que con una reversión de la virulencia del virus vivo modificado contenido en la vacuna [20].
En un estudio retrospectivo [21] de 21 casos de vasculitis cutánea en perros y gatos, 5 fueron inducidos por la vacuna de rabia, con un patrón inflamatorio que respondió a prednisona y pentoxifilina o prednisona sola.
En cuanto a los sarcomas posvacunales [22] Glenna M. Globar y Philip H. Kass (2002) indican que la incidencia del riesgo es baja y no está incrementando. También consideran innecesaria la extracción de los granulomas posvacunales a menos que sea aparente una conducta de malignidad por parte del tumor o persista más de 4 meses. Esta conclusión se basa en que el 98% de las reacciones posvacunales que informaron los propietarios a los veterinarios se resolvió sin medicación. El 96% de éstas antes de 3 meses y el 100% en 4 meses. Además, los autores añaden que la extirpación de éstos puede interferir con el desa-rrollo de la inmunidad de la vacuna.
Frantisek Jelínek (2003) sugiere que la inflamación crónica y la inmunodeficiencia relacionada con la edad influyen en la patogénesis del sarcoma asociado a vacunas [23]. Se basa en el examen histológico de 38 formaciones nodulares extirpadas del sitio de vacunación en las que 25 eran sarcomas y 13 granulomas. La edad de los gatos con sarcoma era de 8,75 años, mientras que la de los que tenían granuloma era de 1,9 años.
M. Vascellari, E. Melchiotti y col. (2003) en un estudio comparan 15 fibrosarcomas en presuntos sitios de inyección y 10 en sitios donde no se ponen inyecciones de perros, con 20 fibrosarcomas posvacunales felinos [24]. Todos los desarrollados en presuntos sitios de inyección en ambas especies muestran infiltración inflamatoria linfocítica en la periferia del tumor, mientras que localizados en sitios donde no se ponen inyecciones muestran una infiltración inflamatoria perivascular dentro de la neoplasia. En 8 de los fibrosarcomas caninos de sitios de presumible inyección y 11 de los sitios posvacunales felinos se detectaron depósitos de aluminio.
Se encuentra similitud entre los fibrosarcomas caninos de sitios de presunta inyección y los posvacunales felinos, sugiriendo la posibilidad del desarrollo de sarcomas post-inyección tanto en gatos como en perros.
A raíz de todos estos datos han ido surgiendo diversos debates sobre qué animales se deben vacunar, pautas, que vacunas son realmente necesarias, etc. Lo que parece recomendable es que, teniendo en cuenta la relación riesgo-beneficio de las vacunas, el veterinario explique tal relación a los propietarios y, hoy por hoy, se mantenga la vacunación como parte de la prevención de enfermedades que suponen un riesgo para la vida de un animal.

http://argos.portalveterinaria.com/noticia.asp?ref=682&cadena=gatos&como=1